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Te mezclas rápidamente entre la multitud que se mueve por la calle principal en una u otra dirección. Al cabo de un rato, sin embargo, ves como las gentes empiezan a apartarse a ambos lados de la calle, y se arrodillan tan profundamente que su frente casi toca la calzada. Alzas la vista y entiendes rápidamente el porqué. Un grupo de Guardias negros abren paso a latigazos a una treintena de jinetes, que escoltan a su vez un soberbio carruaje, lujosamente decorado, en el que viaja Korba, el tirano de Culkan. Te humillas como los demás, arrodillándote (ve al 12 ) o permaneces orgullosamente de pie (ve al 121 ).